quiere
espera
y mientras tanto besa
cuida toca y debate
sobre la escena
pensaba escribir sobre la espera
activa
"como un hongo"
lejos de esperar
corazón expandido
en esporas
"Música en sí/
Ojalá se vuelvan/
Todas las palabras" •
carla vianello
vacía
la autopista
-lo puse a cientoveinte
treinta minutos desde el centro hasta Morón,
corazón.
ni escaleras ni túneles o molinetes
ni un pasillo ni un fueye
entre vagón y vagón
ni caras ni mochilas ni pelos
ni la bici clavándose en la jeta
ni dormidx, ni fristaiL
ni estampita u otra cosa
para la mano de la dama
o el bolsillo del señor
ni no tengo trabajo,
por favor,
con lo que pueda...
ni el furgón sin la yuta molestando
vacía
la autopista
corazón.
Una a una se habían ido encendiendo las luminarias, manchas húmedas contra la negrura del cielo. Caminaban al borde del canal y del sueño, sin mucha conciencia de la hora, del vino ni de la cantidad de pasos que lxs separaban del agua o del resto de la familia.
Se habían adelantado bastante. A pesar de todo él seguía teniendo el paso más ligero, los músculos más resistentes y ella lo había heredado.
De súbito levantó la mano sobre su cabeza, frenó la marcha y sin mirarla, le dijo: Sentí.
Como si eso hubiera activado una coreografía genética y milimétricamente ensayada, ambxs hicieron silencio y afinaron el oído hacia el sonido, que lxs salpicaba desde abajo. Los ojos abiertos hacia las estrellas, no miraban. Todo era escuchar.
Plac, plac, plac. El golpeteo del agua insistiendo contra los cascos de los botes.
Tan agudo fue el silencio de todo lo demás, que aún sin haberlo visto, ella pudo sentir cómo insistía el agua también desde adentro contra los párpados del viejo.
Ese sonido es toda mi memoria -le dijo- Llegando con el agua.
Sí sé que la luz fue pálida durante todo este día y apenas alcanzaron a entibiarse las baldozas amarillas de la vereda. Desde mi casa hasta el súper, ida y vuelta voy pisándolas despacio. Ya pasó la siesta pero la calle está vacía. Cruzo en diagonal la plaza sola y de tan sola pareciera que nunca voy a alcanzar la otra esquina. ¿Cómo sé cuánto me acerco si entremedio no hay nada? Ni una vieja sentada más acá, ni una piba saltando más allá. Salvo las cotorras que gritan en sus monoblocks de pasto y rama, todo duerme en otoño en domingo en este barrio.
Tamaña modorra, ni el cielo se decidía a ser celeste, blanco o gris, pero ahora asoman cachetonas desde arriba las nubes. Al fin dan la cara.
Abro la puerta sabiendo algunas cosas más, como el precio de las mandarinas, el del jabón en polvo y también que es tarde para lavar la ropa. A duras penas va a llegar a secarse pero aún así voy a realizar la hazaña, ante los ojos de nadie más que el agua inminente, en este teatrito privado y a cielo abierto que es mi terraza. Toda la ropa húmeda, pesada y desprolijamente colgada.
Desde hace mucho tiempo y allá lejos, a varios cielos de distancia de mi casa, en la ciudad de agua donde empieza la historia de la que nada sé, según me contaron, la ropa recién lavada se seca en sogas que viajan entre balcones y ventanas. Salen de una casa y llegan a la otra. Como la distancia no es mucha, la soga es corta y todo el día se renuevan las prendas colgadas, todo el tiempo hay movimiento, nunca duerme nada. Ni tampoco de privado hay nada.
Mirar para arriba es ver un cielo multicolor de camisetas, polleras y toallones. Y en lugar de buscar fomas fantánsticas y colosales en las nubes, se encuentran, ahí nomás, historias de familias y de trabajadorxs.
#diagonal #cielo #modorra #sogacorta #agua